Esa rubia tenía más peligro que un Smith & Wesson en manos de Stevie Wonder
Abril 18, 2008
La noche era cerrada. Hacía un frío de narices en la pequeña ciudad, las mismas que a mí me habían faltado para besar a la mujer por la que latía mi corazón borracho de amor.
Me acerqué a uno de esos bares de ficción, donde acuden las almas perdidas en busca de una madrugada que nunca sale en los mapas, y me pedí un vaso largo de cerveza en la barra. La banda tocaba en el escenario a ritmo frenético de jazz. Había hombres trajeados y mujeres despampanantes, todos luciendo sus encantos entre el humo y el jolgorio del local.
Los músicos hicieron un receso y escuché a uno de ellos hablar de ella: Juguetona. “Esa rubia tiene más peligro que un Smith & Wesson en manos de Stevie Wonder ”, oí cómo le decía al barman. “No lo dudes, amigo. Si alguien sabe de amores, ésa es ella”, le respondió el camarero mientras terminaba de servirle un martini seco.
Así que miré a mi alrededor, y de pronto creí haberla encontrado. Estaba en una de las mesas, rodeada de gente, explicando con todo lujo de detalles sus aventuras amorosas, sus noches de gloria y decepciones, todo en un tono simpático y desenfadado que me atrajo casi tanto como el perfume de sus labios.
Así fue como la conocí. Lo primero en que me fijé de ella al acercarme a su mesa, fue en la desnudez de su espalda. El vestido de noche que llevaba puesto dejaba al descubierto todo un mundo por descubrir. Pero no fue ese mundo, con el que otros hombres soñaban cada noche, con el que yo me encontraría.
Noche tras noche fuimos desnudándonos ambos, al son de la música nocturna, entre el ruido de los vasos y la sirenas que cruzaban las calles, haciéndonos complices de nuestros amores respectivos. Ella dándome la visión de una mujer, y yo trantando de hacerme un hombre de su mano.
Ninguno de los sabíamos cómo se resolverían los latidos, ella por su chico y yo por la mía, de nuestros respectivos corazones, pero en aquella pequeña ciudad, en aquel garito de mala muerte de los suburbios, acababa de empezar el comienzo de una bonita amistad amparada por la madrugada. Aunque él, o sea, yo, nunca deja de pensar que el barman llevaba toda la razón. Esa rubia tiene más peligro que un Smith & Wesson en manos de Stevie Wonder. Con ella es difícil adivinar por dónde va a salir el siguiente disparo…
Mickey D.
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1.
silcas | Abril 19, 2008 at 12:09 pm
Pero que peligrooooooo!!!!
Bueno, bueno, este blog promete.
Lo visitaré a diario, con mis palomitas, cocacola porque no fumo, que si no, también.
Un beso a ambos!!
Silcas
2.
por que fui pescado | Abril 22, 2008 at 9:03 pm
heeee venga ….suerte mataoooooorrrrr….
que la tia que vais a conocer
no volveis a encontrar ni por que el mundo se formara de nuevo…
venga y oooleeeeeeeeeee!!!!